Para llegar hasta allí pasamos la primera noche en tren, mejor de lo que pensaba, aunque estaba a tope nuestro compartimento con seis camas era europeo, compartíamos con unos valencianos y unos italianos. El baño daba asco y no poder ni sentarse en la cama de pequeña que era fue lo peor. Eso y dormir 3 horas nada más.
Ah, y la estación, millones de personas llegando, marchando, durmiendo... Hordas, HORDAS de gente saliendo. El olor es tan fuerte que el estómago se me queda del revés un rato grande.. Allá vamos.


Jodhpur es una ciudad que se puede ver en un día. Salir un poco hasta el fuerte es ideal, las vistas son impresionantes y así se aprecia el color azul. Aunque tampoco es la ciudad pitufo. En un principio este era el color de las casas de los sacerdotes, pero se fue extendiendo e impregnó toda la ciudad.
El Fuerte Mehrangar está muy bien conservado y entramos a verlo. Son las 8 de la mañana y evidente que no hay un sólo blanquito más. Indios a patada, a patadas. Coincide que durante este mes peregrinan en dirección Jaisalmer, por eso esto parece Guerra Mundial Z. Te quieren hacer fotos, te saludan, te tocan, te dan la mano, te hablan... Les interesamos más nosotros que el fuerte.
Es un poco incómodo, el sol pega sin clemencia y como esta es ciudad de paso para nosotros tenemos que cargar con las mochilas todo el rato. Toda la mañana. Agotador es poco.
Jaswant Thada es un mausoleo cerca del fuerte construido en 1899. El jardín y el lago sirven como crematorio de las familias reales de Jodhpur. Nada de esto es demasiado opulento.
Bajamos a la ciudad para dar una vuelta por los alrededores de la torre del reloj. No es especial para nada pero buscamos la vida que hay en el mercado alrededor.
Tampoco merece la pena, todo está sucio, muy sucio y apenas hay nada de calidad, sólo una zona de telas escondida y un par de puestos de especias.
Tenemos que llegar a Udaipur en autobús. La crisis. Casi ocho horas (una y pico de retraso) en un autobús lleno de moscas, sin aire acondicionado, con un overbooking tremendo y viajando con una mujer india sentada con nosotros, tres en dos asientos, con la espalda torcida. Y pitidos, pitidos, pitidos. Ocho horas de ruidos, gritos, calor, empujones y pitidos constantes.
Hoy tengo claro que este país no es para mí. Uff. Me quiero marchar. Si ahora tuviera un avión volvería a casa, no aguanto un grito más, ni un pitido más, ni nada.
Pd. Spoiler, Udaipur es más tranquilo, al final sobrevivo y todo bien :)








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